BioNTech: la historia de la startup que podría salvar al mundo

Desde la segunda mitad del siglo XX, el flujo migratorio de Turquía a Alemania ha sido tal que, a día de hoy, la población turca residente en Alemania supera los dos millones y medio de personas. Tal es la relación migratoria que algunas de las creaciones más destacadas de los últimos años se atribuyen a inmigrantes turcos residentes en Alemania. Sin ir más lejos, el kebab, una de las elaboraciones gastronómicas más famosas, fue creado en Alemania por Kadir Nurman, un inmigrante turco. 

A pesar de la popularidad de este alimento, el éxito de Kadir no es equiparable al de Ugur Sahin y Özlem Türeci. Ugur nació en Turquía e inmigró a Alemania con cuatro años. Özlem nació en Alemania, aunque es hija de inmigrantes turcos. Ambos se conocieron en la universidad del Sarre y se casaron en 2002. Ya entonces trabajaban juntos. De hecho, la pasión de esta pareja por la medicina es tal que después de celebrar su boda se cambiaron el traje y el vestido por sus batas y volvieron al laboratorio. 

Ahora este matrimonio tiene la llave que abre la puerta de salida de la crisis sanitaria y económica en la que se encuentra sumido el mundo. En 2008 fundaron en Maguncia BioNTech, una startup dedicada al desarrollo de inmunoterapias para tratar a pacientes con enfermedades serias. Centraron sus estudios especialmente en la lucha contra el cáncer. 

De combatir el cáncer a combatir el coronavirus

¿Cómo se convirtió esta startup en la esperanza de todo el mundo? Esta historia comienza en enero de 2020. Entonces, BioNTech ya no era una startup, sino una gran empresa con cotización en el NASDAQ. Ugur se encontró con un artículo científico sobre un nuevo brote de coronavirus en la ciudad china de Wuhan y le sorprendió lo pequeño que era el paso desde medicamentos de ARNm contra el cáncer hasta vacunas virales basadas en ARNm. 

Donde la mayoría de la sociedad vio una amenaza, Ugur y Özlem vieron una oportunidad de desarrollar una vacuna que diera esperanza al mundo. BioNTech asignó rápidamente 500 empleados para trabajar en varios compuestos posibles y se ganó la confianza del gigante farmacéutico Pfizer como socio en marzo. 

El resultado lo hemos conocido recientemente, cuando Pfizer ha anunciado el éxito de una vacuna contra el coronavirus en la última fase del ensayo. Sin embargo, quien está realmente detrás de este rayo de luz al final del túnel en el que se ha convertido 2020 es BioNTech. Una compañía que comenzó como una startup fundada por un matrimonio y que se ha convertido en la desarrolladora de la vacuna más precoz de la historia. Conviene saber que el tiempo aproximado que se suele tardar en crear una vacuna se sitúa en torno a los diez años. 

Sin olvidar sus orígenes

Lo más curioso de esta historia son sus protagonistas. A pesar de haberse convertido en una de las cien mayores fortunas de Alemania junto a su mujer, Ugur sigue fiel a sus orígenes como emprendedor. El turco y alemán del momento sigue yendo a las reuniones de negocios con vaqueros, mochila y llevando su casco de bicicleta. 

El caso de BioNTech es toda una fuente de inspiración para los emprendedores que apuestan por el sector farmacéutico. Es un sector que requiere paciencia, ya que el proceso que pasa una vacuna o un fármaco desde que se comienza a investigar hasta su lanzamiento al mercado es largo (el caso de la vacuna del coronavirus es la excepción que confirma la regla). Sin embargo, los resultados demuestran que en ocasiones la espera merece la pena. ¿Quién le iba a decir a Ugur y Özlem que iban a tener la oportunidad de sacar al mundo de esta crisis? 

En Fellow Funders tenemos un gran interés por el sector farmacéutico, ya que lo consideramos una forma de inversión ESG que aporta un gran beneficio social más allá de las cifras del negocio. Recientemente hemos cerrado con éxito una ronda de financiación con Ikan Biotech, y actualmente estamos en otra ronda de financiación PRE-IPO con Laminar Pharma. Quién sabe si algún día estas startups seguirán el camino de BioNTech y aportarán la solución a un problema global… 

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