Cómo conseguir una cartera diversificada

Cuando un inversor decide construir una cartera de inversión debe tener en consideración varios aspectos importantes como la correcta adecuación del portfolio a sus objetivos y necesidades, el análisis de la relación rentabilidad esperada “versus” riesgo asumido… De entre todos ellos, en Fellow Funders creemos que uno de los más significativos y determinantes es establecer una adecuada política de diversificación de sus inversiones, considerando esta diversificación como la base imprescindible de la estrategia para lograr la mejor relación rentabilidad-riesgo de las carteras. Si nos centramos en el mundo de la inversión alternativa en startups y/o micropymes esta diversificación es incluso más relevante dada las peculiaridades de este tipo de compañías. Pero, ¿cómo construimos una cartera diversificada? 

Decisiones previas

En primer lugar, habría que considerar dos aspectos previos fundamentales: 

  • Cada inversor debe adaptar su volumen de inversión total a sus circunstancias personales. Por lo general no es aconsejable destinar más de un 10/15% de su patrimonio a la inversión alternativa
  • Conforme a todos los estudios realizados, será aconsejable distribuir nuestra inversión total entre un mínimo de 13-15 compañías diferentes. Posteriormente explicaremos detalladamente los motivos por lo que esta estrategia supone una mitigación de riesgos.  

Variables a tener en cuenta

Una vez establecidas las dos premisas anteriores llega el momento de fijar la estrategia de diversificación de nuestra cartera. Para ello deberemos tener en cuenta una serie de variables críticas en las que nuestras participadas se pueden y deben diferenciar: 

  • Sector de actividad/modelo de negocio. Los sectores en los que podemos invertir son muchos y de lo más heterogéneo, cada uno de ellos tiene sus características propias y sus riesgos asociados. En Fellow Funders, por ejemplo, ofrecemos oportunidades de inversión en sectores clásicos como el cervecero artesanal o la restauración, otros centrados en la investigación como el farmacéutico (con mayores plazos de retorno debido al proceso de investigación), proyectos totalmente disruptivos como las energías limpias, inmobiliarios (con rentabilidades importantes y con el objetivo básico de preservar el capital invertido) o proyectos agrícolas (con rentabilidades periódicas basadas en el reparto de dividendos). 
  • Nivel de tecnología. La tecnología es un elemento que está tomando un rol cada vez más protagonista en el panorama económico. Si queremos gestionar adecuadamente la diversificación, debemos distinguir en nuestra cartera entre las compañías de sectores tradicionales que intentan hacer las cosas “de forma diferente” y las verdaderamente tech (biotech, foodtech, fintech…). Como resultado deberemos diversificar nuestra cartera con empresas con distinto grado de dependencia de la tecnología. 
  • Grado de madurez. No todas las compañías están en la misma fase de desarrollo, pudiendo coexistir en nuestra cartera empresas en fases más seed con otras en fase growth y compañías en fase de scaleup. De igual forma, una parte de nuestra cartera debe estar centrada en empresas ya más desarrolladas que están en fase de consolidación. 
  • Plazos de desinversión. Un aspecto muy importante que debemos considerar como inversores es el horizonte temporal en el que enfocamos nuestra inversión y cuando vamos a necesitar liquidez. En Europa, por lo general, los procesos de desinversión en startups y/o micropymes se sitúa de media en los siete años. Si invertimos todo nuestro capital de una sola vez y no de forma progresiva, probablemente podamos tener en algún momento problemas de liquidez, ya que tardaremos 5-6 años en empezar a desinvertir. En consecuencia, es aconsejable elegir compañías en distintos estados de maduración, así como hacerlo en distintos momentos. Un aspecto muy importante que podría generar liquidez para los inversores a medio plazo, y que es uno de los objetivos políticos de la CE, es el desarrollo de los mercados de valores “junior” en donde podrían cotizar empresas menos consolidadas y donde los inversores podrían comprar y vender sus participaciones accionariales sujetos a las leyes de oferta y demanda. 

Veámoslo en un ejemplo*

Una vez definidas algunas claves teóricas imprescindibles que, en nuestra opinión, nos van a permitir construir una cartera de inversión alternativa eficiente, vamos a aplicar estos parámetros a un caso práctico específico de inversión exclusivamente en startups:  

Un inversor con una capacidad de inversión de 10.000 € anuales. Cada año distribuye esta cantidad entre cinco compañías distintas, realizando esta práctica consecutivamente durante cinco años. Pasado este período de tiempo, habrá invertido 50.000 € en 25 empresas (2.000 € en cada una).  

En base a estudios anuales sobre startups, podemos estimar que cinco de ellas multiplicarán su rentabilidad por diez. Suponemos que el resto no reportarán beneficios significativos y, por tanto, no reflejamos su valor en la cartera. Sí añadimos el incentivo fiscal; es decir, el capital que el inversor no verá reducido en concepto de impuestos gracias a las deducciones por inversión en startups (en el  caso, concreto español y con la nueva reforma este tipo de inversiones tiene un incentivo del 50%) nuestro inversor se ahorraría hasta 25.000 € en impuestos

Si sumamos este beneficio fiscal a los 100.000 € resultantes de la desinversión en las cinco compañías previamente mencionadas, se obtendría un total de 125.000 € con una inversión de 50.000 €. Esto se traduce en un ¡150% de beneficio sobre la inversión! 

Finalmente, como conclusión, señalar que los beneficios de la inversión alternativa oscilan ostensiblemente en función de los parámetros que hayamos aplicado en la construcción de nuestra cartera de inversión. Sin embargo, cuanto mayor sea la diversificación, en principio, la oscilación y el riesgo asumido será menor, lo que debe traducirse en conseguir un binomio rentabilidad-riesgo suficientemente atractivo adecuado para nuestra estrategia de inversión. 

*Este es un caso práctico teórico basado en estudios sobre startups y la probabilidad de Exit de las mismas.

Oscar Valles
Director Orbyn Research & Analysis

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